Blanca Ross: “La pasión es algo que se contagia”

Apenas tiene 27 años, pero su música electrónica ya suena en festivales y discotecas de toda España. Formada en la ERAM, donde estudió Realización Audiovisual y Multimedia, y en la academia Plastic de Barcelona, esta DJ y creadora gerundense ha pasado tanto por la radio como por la televisión, presentando un programa musical local.

Antes de encontrar su verdadera vocación, también trabajó como camarera de clubs, descubriendo así la figura del DJ. Actualmente, además de sus múltiples actuaciones, tiene un podcast llamado Sensations y es miembro de ACNUR y Greenpeace porque, a menudo, “demuestran más resultados” que la política. Os hablo de Blanca Ross.

La siguiente entrevista ha sido ligeramente editada siguiendo criterios de brevedad, claridad y corrección.

La DJ actuará el próximo viernes en la ‘nit electrónica’ de Sabadell / Blanca Ross

¿Qué música escuchas?

En casa, suelo escuchar música muy tranquila, con un toque melancólico. Downtempo, electrónica, canciones como Die 4 You (Perfume Genius), The Only Thing (Zola Blood), Battles (Emika), Wdwgily (SYML)…

¿Con qué te gusta pasar tu tiempo fuera del escenario?

Los deportes (pádel, running, fútbol y tenis), mirar series y estar con mis dos perras. Si tuviera más tiempo, me gustaría aprender kitesurf.

¿Has tenido obstáculos en tu carrera musical por el hecho de ser mujer?

Nunca a la hora de ejecutar mi trabajo, pero existen pensamientos muy anticuados y poco objetivos. Al ser mujer, es una realidad estar expuesta a determinadas críticas y ser analizada mucho más. Por desgracia, he comprobado que no solo en mi trabajo, sino en la mayoría de oficios. Cuesta, a veces, que te tomen en serio y muestren respeto hacia tu trabajo.

¿Cuándo nació tu pasión por la música?

La pasión se contagia, la sientes por dentro cuando ves a alguien sintiéndose vivo. Pudo empezar cuando veía a mi padre en el comedor poniendo música clásica y hacía ver que era el director de la orquesta: cómo se sabía todas y cada una de las entradas de los instrumentos, y la delicadeza, firmeza y amor con las que lo hacía. Un día, cantando, empecé a improvisar creando una canción nueva. Me sorprendió tanto que me emocioné —acabé olvidando la melodía; ahora, Notas de voz es de las apps que más utilizo—. Las clases de piano que hacía de pequeña me parecían aburridas, me hicieron perder la ilusión de aprender música hasta que, años más tarde, decidí comprarme una guitarra y hacer algún cover. Pero el detonante [fue] mezclar música. [Al] compartirlo con un público, me di cuenta de la fuerza y poder interior que sentía: eso era lo que me hacía sentir viva a mí.

¿Cómo aprendiste?

Lo que más me ayudó fueron las residencias semanales en diferentes clubs: me permitieron aprender a mezclar varios estilos de música, entender como funciona la psicología de pista y perder el miedo a estar delante de un público.

¿Existe algún género musical que consiga definir tu trabajo?

Definirlo sería limitarlo. Dentro de todos los géneros, encuentro canciones que representan las emociones que quiero transmitir; lo complejo es conseguir que estos géneros convivan. Clubs como City Hall Barcelona me han ayudado a experimentar en sesiones dinámicas, pero sé que me falta recorrido para hacerlo como lo imagino en mi cabeza.

¿Cuál ha sido el mejor momento en un concierto?

Llevar el mood del público a tu terreno es clave. Conectar con la gente, adaptar el set según la hora y lugar… En las fiestas VenTú! (Sala Apolo), siempre he sentido la libertad de crear una sesión diferente, una mezcla de estilos que no puedo hacer en otras ocasiones. Que la gente reciba mi discurso musical sin prejuicios y baile sin importarle nada más que ese momento, es todo cuanto puedo pedir.

¿Y el mejor espacio?

Me sorprendió Dreambeach Villaricos: En diez minutos, pasó de no haber nadie, a haber 10.000 personas. Nunca había actuado con un sonido como aquel; la música parecía ir más lenta y tuve que subir a más pulsaciones por segundo de lo habitual. Fue uno los desafíos más grandes que he tenido.

¿Qué diferencia hay entre ‘pinchar’ en un festival o en una discoteca?

Los festivales o fiestas mayores ofrecen un equipo audiovisual de más magnitud. La ventaja de un club más pequeño es que se concentra la energía del público y siempre se crean más sinergias.

¿Qué nos puedes avanzar de tu próximo concierto en Sabadell?

Es un reto actuar en un entorno que reúne un público variado (edades, gustos musicales…), pero lo afronto con mucha ilusión y el apoyo de muchos amigos de la zona.

¿Qué proyectos tienes más ganas de llevar adelante?

Estoy trabajando en hacer un live para tocar y cantar temas míos con un soporte de iluminación y contenido visual adecuado al tema del EP. Llevo mucho tiempo investigando y estoy empezando los primeros pasos. Me he puesto un año de fecha límite pero, como todos sabemos, el futuro es incierto.

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