El pulso del Besòs, un barrio obrero que reivindica su dignidad

A ciertas horas del ocaso, en ciertas calles sucias —algunos vecinos dirían que inseguras— y casi desérticas del barrio barcelonés del Besòs, puede escucharse un oasis de calma misteriosa.

Los acordes armónicos y sinuosos de una hábil guitarra flamenca suenan en manos de un joven acompañado de dos de sus amigos gitanos.

—Estamos fichados por la Interpol —bromea, o no, uno de ellos, sonriente.

Bloques del ‘Besòs profundo’. En segundo término, los bloques de Venus y La Mina Vella y, al fondo, Santa Coloma / Víctor Recacha

Poco después, un joven latino que luce un peinado urbano —largo y rizado pero rapado por los costados— y ropa callejera —pantalones largos de chándal grises, chaqueta táctica Nike de color negro y unas zapatillas deportivas blancas— cruza la misma calle apresurado mientras escucha música por sus auriculares. 

En otro momento y en otro lugar —una pequeña y solitaria calle, no muy lejana, ajardinada y encajonada entre bloques de pisos—, un corro de amigos habla animadamente en árabe y aprovecha una reunión de bancos para pasar la tarde con un juego de cartas.

Luis Roche, Emma Chaffes y Marta López, vecinos del barrio de distintas edades / Víctor Recacha y Lautaro Samarra

Frente a la estación de metro de Besòs Mar, punto neurálgico del barrio, la gente espera para sacar dinero en el cajero. Una mujer con velo pasea a su bebé en un carrito.

Otro grupo más numeroso de jóvenes blancos con ropa de marca forma un círculo de pie. Una de ellos exhibe una vistosa rojigualda en la funda de su móvil mientras sus amigos charlan y sonríen.

Mural de Besòs Mar en los antiguos cines Pere IV, ubicación de la futura sede del distrito / Víctor Recacha

Algunas noches, en algunas plazas, algunos vecinos preparan barbacoas a la luz de la luna. No necesitan mansiones con jardín, puesto que las calles del ‘Besòs profundo’, al igual que las de La Mina, son el patio de todo el mundo.

En los días de más calor, no es extraño encontrar niños jugando en piscinas hinchables improvisadas.

Un área de juegos infantiles vacía frente a un bloque de viviendas esta semana en el Besòs / Víctor Recacha

Las calles besonenses también suelen acoger predicadores de los Testigos de Jehová, no pocas personas sin techo y parejas y grupos de personas mayores que hacen su tradicional paseo de Rambla Prim.

La calle de Alfons el Magnànim, que discurre en paralelo a una sola manzana, también es muy concurrida, dotada de centralidad por el tranvía y el metro.

Los skaters se hacen ver, pero la moda entre la juventud local está clara. Cada vez son más numerosos los rebaños de patinetes eléctricos negros que suben y bajan las cortas calles.

Dos estudiantes con bolsas deportivas caminan el pasado martes por el Besòs hacia Rambla Prim / Víctor Recacha

El 28% de los más de 20.000 habitantes del Besòs i el Maresme tiene una nacionalidad distinta a la española. La historia del barrio está fuertemente marcada por la inmigración.

No solo por las oleadas, más recientes, de movilidad internacional. También como destino de la emigración española de los sesenta.

Es uno de los lugares donde, como en la Zona Franca y en palabras del escritor Paco Candel, la ciudad cambia su nombre. Situada entre la Gran Vía y el mar, separada por La Mina del río que la bautizó, es otra de las Barcelonas del extrarradio.

Este legado convierte al Besòs en un barrio de raíz obrera que ha sido y es uno de los feudos rojos de España. Los socialistas solo han sido destronados por Ciudadanos en una ocasión —las autonómicas de 2017— en la que pesó más la bandera española que el sentimiento de clase.

Ropa tendida en el balcón de una vivienda en uno de los viejos bloques del ‘Besòs profundo’ / Víctor Recacha

Apenas cuatro kilómetros separan el Besòs de la Vila Olímpica, pero entre ambos barrios hay una brecha de tres años y medio en esperanza de vida. Los vecinos del Besòs no solo tienen menos recursos para hacer frente al día a día; sus vidas son más breves. El barrio se encuentra entre los 18 menos longevos de la ciudad.

Escenario inequívoco, los característicos edificios granate y crema, en modalidad de dos alturas y de seis plantas, son construcciones humildes que sirvieron para acoger la ola migratoria de otras regiones españolas.

Aún hoy, las afectaciones por aluminosis son un lastre que no se ha erradicado por completo.

Los carácteristicos edificios granates a seis y dos alturas construidos a partir de los sesenta en el ‘Besòs profundo’ / Víctor Recacha

La vida comercial que se abre entre los bloques es también distintiva. Bares populares —en gran parte, regentados por personas de origen chino—, bazares, carnicerías, supermercados rotulados en verde y blanco —la bandera de Pakistan—, restaurantes kebab, peluquerías…

Es difícil encontrar establecimiento o empresa concebidos para un consumo fuera de las puertas del barrio.

Tres hombres de etnia árabe, el pasado martes a las puertas de un restaurante ‘kebab’, uno de los establecimientos que más triunfa en el Besòs / Víctor Recacha

Lo que esconde esta anémica fachada comercial es una segunda economía. En un barrio con altos niveles de paro y pobres expectativas de futuro para los jóvenes, ¿cómo se financian los ostentosos BMW y coches de alta gama que se dejan ver en las calles?

“La gente vive de la droga porque no tienen ingresos”, afirma Carme Gris, tesorera de la asociación de vecinos del Besòs. En su máxima expresión, la fuerza del mercado negro del barrio se hace visible a través de los ‘narcopisos’, apartamentos clandestinos donde se vende y consume droga.

Un hombre atiende un puesto de fruta y verdura cerca del Fòrum / Víctor Recacha

La ocupación de vivienda vacía no por necesidad, sino para ser vendida y alquilada sin contrato a precios módicos es otra práctica que ha derivado en la existencia de inquilinos sin derechos y desahucios al margen de la ley, según el presidente de la AVV Besòs, Francisco Abad.

El aparador de hoteles y apartamentos de lujo en el litoral del Besòs, Diagonal Mar y el Fòrum apenas oculta uno de los escenarios más pobres de Barcelona.

El Besòs y sus dos caras. El rascacielos de un lujoso hotel de cuatro estellas frente a un bloque del Besòs / Víctor Recacha

De regreso a casa con su nieta, la vecina Emma Chaffes muestra enfado al contemplar la desaparición de uno de los bancos de su calle. Lamenta que un barrio con potencial, en el que se han volcado grandes infraestructuras de transporte, se ha degradado en los últimos años.

“Yo mismo y todos en algún momento” han retirado jeringuillas de las áreas de recreo para que sus niños puedan jugar, relata Meme Rus. Es miembro de El Besòs por un Barrio Digno, una plataforma contra el olvido institucional frente a los problemas locales de inseguridad, insalubridad, drogas, delincuencia y pobreza.

Un nuevo parque infantil en el extremo litoral del Besòs con las obras recién terminadas / Víctor Recacha

En los últimos meses, estas reivindicaciones han sacado a la calle a miles de personas y motivado caceroladas, acampadas y pancartas.

El detonante de las movilizaciones ha sido la previsible apertura de un centro para menores extranjeros no acompañados (MENAs) en un solar próximo a otros focos de complejidad social como la sala de venopunción del Fòrum, la llamada ‘narcosala’.

“No va ser bueno para los MENAs ni para los niños”, opina Encarna Cortés, vecina del barrio y antigua residente de La Mina. “En La Mina hay mucha droga… acabarían siendo traficantes”, teme. “Necesitan cariño”.

Vista aérea del Centre Fòrum (Parc de Salut Mar), ubicación de la sala de venopunción del Besòs / Victor Recacha

La extrema derecha no ha desaprovechado la oportunidad de intentar manipular las quejas.

Ubicado en el ateneo anarquista Gregal, un comedor social gestionado por dos hermanas y cuyos usuarios incluyen inmigrantes ha sufrido sabotajes en la puerta y pintadas en la fachada que rezan “Vox” o esvásticas. Los grafitis de Falange recorren el barrio.

Vox también ha culpado en Twitter a los “extranjeros” de la inseguridad de La Verneda, cuyos vecinos han compartido manifestaciones con los del Besòs por inquietudes comunes.

Una encuesta de la AVV Besòs, que no participa en las manifestaciones al dar por buenas las frágiles promesas de las administraciones de que se buscará otra ubicación para el centro de MENAs, arroja un dato demoledor: el 65% de los vecinos del barrio no siente que este sea seguro.

Mientras tanto, la asociación de vecinos intenta batallar en otros frentes, desde parar desahucios hasta reclamar infraestructuras que nunca llegan.

Edificio moderno de viviendas delante del campus universitario Diagonal-Besòs / Víctor Recacha

Una de ellas es la demorada y muy anticipada futura subsede del distrito, que debe aterrizar junto a más equipamientos —un cine auditorio, una terraza con huertos urbanos o una sala de estudio nocturna— en la ruina abandonada de los antiguos cines Pere IV. Hoy, un colorido e icónico mural decora sus paredes, en Besòs Mar.

Mientras no llegue el nuevo centro público, se seguirá produciendo la paradoja de que los grandes eventos culturales del Besòs tienen que festejarse fuera del barrio por la falta de espacios disponibles.

Los conciertos del festival (In)fusión Flamenca celebrado este mes han llenado auditorios. Pero cerca, no dentro, del Besòs, como por ejemplo el de Sant Martí.

Mural de Besòs Mar en los antiguos cines Pere IV, ubicación de la futura sede del distrito / Víctor Recacha

El inicio de las obras de reforma del antiguo Cine Pere IV está previsto para 2021 “si todo va bien”, según Silvia López, consellera de districte del PSC.

El Ajuntament de Barcelona ha anunciado que ya se ha llegado a un acuerdo con CaixaBank para la expropiación pública del cajero, el único punto de actividad en el emplazamiento.

López, la encargada en el gobierno municipal de lidiar con el día a día del barrio, asegura que, aunque no sea visible, “estamos haciendo mucho trabajo en el Besòs”.

Afirma que el regidor David Escudé se ha reunido con El Besòs por un Barrio Digno y otros vecinos y que la recogida municipal de jeringas en la calle se ha intensificado a un ritmo de tres actuaciones por semana

Mural de Besòs Mar en los antiguos cines Pere IV, ubicación de la futura sede del distrito / Víctor Recacha

Otro proyecto pendiente es la reconversión de la calle Cristóbal de Moura en un nuevo eje verde que una el parque del Centro de Poblenou con el parque del Besòs, frente a La Mina.

Los problemas del Besòs se amontonan. Y los ajenos —una controvertida incineradora de TERSA pendiente de cierre o un Fòrum de conciertos que molestan a los vecinos— se añaden a los propios.

Pero en un barrio en el que uno de los únicos puntos de acceso a la cultura es una minúscula biblioteca de menos de media planta, también existe una rica vida asociativa, social, vecinal, cultural, deportiva, solidaria y religiosa.

Las dos Barcelonas. El mural y los edificios de Besòs Mar, con la sede corporativa de Telefónica en Barcelona de fondo / Víctor Recacha

El edificio menos pensado puede albergar una iglesia o centro de culto tibetano, musulmán o evangélico. El Besòs es, además, denominación de origen de conciertos, festivales y conferencias de flamenco.

Y, ante todo este escenario, no son pocos los que miran a la esperada reforma del difunto cine Pere IV. Intuyen que la presencia de una delegación municipal atraería personas y clientes para el comercio local desde otros barrios.

Nace, por tanto, el sueño de un nuevo polo de desarrollo económico y social que reactive el suburbio. Un impulso que, según vislumbran, encarrilaría el barrio definivamente hacia su dignificación.

La Rambla Prim abriéndose paso entre el Besòs desde el mar hacia la Gran Vía de Barcelona / Víctor Recacha

Agradecimiento especial: a los vecinos, trabajadores y asiduos del Besòs por recibirme con los brazos abiertos y a Lautaro Samarra por ayudarme con el trabajo de campo y la fotografía.

La Zona Franca del futur: llums i ombres de la controvertida reforma urbanística que inclou la nova seu de la Generalitat

Arran de la Fira de Barcelona, s’ha vist arribar a l’extraradi de la ciutat plans urbanístics de gran calat com el projecte Plaça Europa. Una metamorfosi urbana que, al seu torn, pretenia convertir el tram hospitalenc de Gran Via en un dels motors econòmics de l’àrea metropolitana. A partir d’ara, podrem trobar un nou escenari d’aquests canvis urbans, nascuts a les portes de la Fira, als barris de La Marina.

Concretament, l’espai comprès entre el recinte de la Fira i l’estació de metro de Foc (L10) evolucionarà amb quatre nous projectes: un skate park, un hotel de luxe, un complex de gratacels d’oficines, i la nova ciutat administrativa de la Generalitat.

El nou skate park ha estat una aposta de l’Ajuntament a través del Pla de Barris. Consisteix en un parc esportiu urbà de 7.000m2 que compta amb una inversió d’un milió d’euros. Estarà ubicat a la Plaça del Moviment Obrer i està previst que les obres finalitzin aquest mateix agost.

L’hotel, de quatre estrelles, estarà situat a la mateixa illa, al Carrer dels Alts Forns. Tindrà 10 plantes i 200 habitacions. L’obra costarà 25 milions d’euros a Inmobiliaria La Campana, promotora del projecte. Sants-Montjuïc és una de les zones on el PEUAT (Pla Especial Urbanístic d’Allotjaments Turístics) municipal permet construir nous hotels.

Davant el futur skate park, Iberdrola està aixecant un complex de quatre gratacels d’oficines. El primer, ja acabat, és Torre Esteve: la farmacèutica catalana hi ha establert la seu corporativa amb 400 empleats, que ocupen 10 de les 13 plantes de l’edifici. A les primeres tres, hi trobem els Registres de la Propietat de Barcelona (270 funcionaris) i el Deganat Autonòmic de Registradors. A l’exterior, hi ha dos bars: un Viena i un Faborit.

També finalitzada es troba la Torre Auditori, de 21 plantes, comprada el mes passat pel fons d’inversió Aberdeen. Conté oficines de 23 empreses (Maersk, Philips, Ferrovial, Asus i Mémora, entre d’altres). Segons dades aproximades facilitades per la recepció de l’edifici, hi treballarien unes 5.000 persones. Les torres pendents (Llevant i Ponent, molt semblants a l’actual Torre Auditori) s’enllestiran el 2021 i acolliran la seu d’empreses com Cellnex Telecom.

Així serà el complex de gratacels un cop acabat. Per ara, ja estan edificades i en ple rendiment les torres Esteve (al front a l’esquerra) i Auditori (darrere). Iberdrola

Completa la bateria de transformacions la Generalitat de Catalunya: a principis de 2020, haurà posat en funcionament el nou campus administratiu, col·lindant amb la Fira. Hi aniran 2.600 funcionaris, que se sumaran als 300 que ja té l’ATC (Agència Tributària de Catalunya) al barri. Es mudaran a la nova ‘ciutat dels funcionaris’ (de Batlle i Roig Arquitectura) els departaments d’Economia, Justícia i Polítiques Digitals, així com organismes que en depenen.

Els sindicats denuncien frau

Malgrat tot, segons recull el diari Ara, UGT i CCOO han criticat el pla del Govern per a erigir la seva nova seu per “manca de transparència”. De fet, CCOO va portar davant d’Antifrau l’exdirector de Patrimoni de la Generalitat per muntar un concurs a mida a la promotora de l’obra. D’acord amb la denúncia, Salvador Estapé hauria venut presumptament el terreny a Axa des d’una societat pública que presidia per a llogar-lo un mes després des de la Generalitat per una quantitat de 120 milions d’euros a 20 anys. La inversió d’Axa en el projecte és de menys de la meitat: 50 milions. La investigació segueix oberta.

D’altra banda, segons informa Crónica Global, les constructores contractades pel Govern, des d’Infraestructures.cat, per a finalitzar l’obra són Comsa, FCC i Vopi 4, empreses esquitxades pels casos de corrupció Pujol i 3%. Comsa, el director de la qual, Josep Miarnau, està imputat pel cas 3%, s’endú el contracte més suculent (16 milions). FCC hauria, segons les investigacions policials, pagat presumptament 710.000 euros de comissions a Jordi Pujol Ferrusola. I, finalment, en el cas de Vopi 4, la seva seu va ser registrada el febrer de 2017 sota ordres de la Fiscalia Anticorrupció en el marc de la investigació sobre presumptes comissions de CDC en les obres d’amplicació del Port.

Noves instal·lacions governamentals. Antonio Navarro Wijkmark/Batlle i Roig Arquitectes

Com es viu des del barri l’arribada dels nous projectes

Des de l’Associació de Veïns i Veïnes Sant Cristòfol, consideren que els nous edificis poden portar beneficis al barri, però alerten que també comportaran un “peatge”. El president, Fernando Abad, espera que, almenys, “el barri es beneficiï de la reparació” dels carrers, transport i projectes en què “ara estem oblidats”.

Montse Plans, vicepresidenta de l’AVV, relata que tant els preus de compra com de lloguer d’habitatge al barri “han pujat notablement”. “Ja van pujar amb els pisos turístics; ara han pujat  a causa de la demanda que hi ha per part dels que vindran a treballar.”

L’Alicia Sorribas (de 78 anys) i la Celia González (88), veïnes de la zona afectada, valoren positivament la construcció dels nous edificis i creuen que donen valor a un barri que, tot i així, “està molt deixat”. Reivindiquen construir també equipaments pendents com la residència i més autobusos.

Des dels comerços també perceben un cert estímul, encara que suau. “Alguna cosa s’ha notat; molt, no”, apunten des del Bar Restaurant Núria, a tocar de la futura ciutat administrativa. “Quan vinguin [els funcionaris], ja veurem”.

A la Farmàcia Barenys, al Pg Zona Franca, també detecten que “hi ha més activitat”. “S’ha notat un increment, evidentment, hi ha més gent que ve. Tampoc és molt però es nota alguna cosa.”

Sigui com sigui, el que sí sembla anar definint-se és que els propers dos anys portaran canvis profunds a la zona. Canvis amb les corresponents llums i ombres, les quals queden dos anys per a intentar esclarir.

Reportatge publicat originalment al diari La Marina (edició de juliol de 2019).